miércoles 15 de junio de 2011

Sobre la vocación

© JAM Montoya Acción 3




En toda reflexión sobre un medio cualquiera que sé elija como expresión artística debe de plantearse una cuestión fundamental y primigenia: ¿Por qué vamos a dedicarnos a determinada disciplina y que esperamos a cambio de esa dedicación?
Cuando en ocasiones he tenido la oportunidad de conversar con un autor incipiente que me parecía interesante, he formulado estas cuestiones por pura curiosidad. Las respuestas siempre fueron parecidas salvo algunas matizaciones. La gran mayoría tenían la esperanza de poder vivir de su arte, otros, los más idealistas, anteponían el éxito, el reconocimiento, la fama para terminar con el deseo fervoroso de también poder vivir de su facultad. Pero curiosamente, escasos han sido los pretendían hacer arte por el puro placer de hacerlo, sin esperar nada a cambio, o sea, hacer arte a fondo perdido.
Esta necesidad absoluta de una dimensión pragmática que subyace en todo lo que hacemos, influenciada o impuesta por la propia estructura social y que en principio parece licito y humano, en arte también puede resultar una trampa.
Muy pocos son los artistas que he conocido que al margen de las concesiones que el mundo pueda otorgarles, sientan la plenitud y el deleite por el hacer cotidiano, de ahí, el abandono de unos y las frustraciones de otros cuando sus motivaciones se ven truncadas por no ser alcanzadas las cotas, que erróneamente, ellos mismos se marcaron.
A los que ahora vais a comenzar por este peculiar camino quiero deciros que a lo largo de la vida somos atrapados y desgarrados por diversas trampas, y el arte puede ser una de ellas, algunos artistas tienden a plasmar aquello que complace o complació al público anteriormente, escuchan elogios y se los creen, pero en realidad solo existe un juez definitivo de un artista, y es el propio artista.
Cuando este se deja seducir por los críticos, editores, galeristas, directores de museos y el público en general está acabado, y desde luego, cuando se deja llevar por su fama y fortuna, puedes dejarlo flotar rio abajo con la mierda de los vertederos que no se notará que va entre los detritus.
Si vas a intentar dedicarte al arte, llega hasta el final, asegúrate con frialdad que tienes cualidades, de lo contrario no empieces siquiera, tal vez suponga perder novias, esposa, familia, trabajo y hasta la cabeza, tal vez suponga no comer ni dormir durante varios días, tal vez suponga humillación, desprestigio, desdén y el aislamiento. Pero el aislamiento es el premio, todo lo demás es para poner a prueba tu resistencia, tus autenticas ganas de hacerlo y el convencimiento de lo que haces. A pesar del rechazo y de las ínfimas probabilidades será mejor que cualquier otra cosa que pudieras imaginar.
Si vas a intentarlo llega hasta el final porque no existe una sensación igual, estarás solo con los dioses y las noches arderán en llamas, llevarás las riendas de la vida y llegarás a la autentica armonía y a la risa perfecta. En realidad es por lo único que merece la pena luchar y nunca olvides que para permanecer fuera de los circuitos oficiales del arte, precisamente hay que ser un gran artista.


JAM Montoya

1 comentarios:

José Manuel Mendez dijo...

Me parece una reflexión muy meditada y un consejo sabio para los que empezamos. Tuve el gusto de escucharte en la AFE hace unos meses en la charla de presentación de tu trabajo, entonces hablaste de lo mismo y conecté rápidamente con tus palabras. Hoy me vuelves a hacer pensar. Gracias, muchas gracias.