lunes, 17 de noviembre de 2014

Nur Pilán - Codigo Sweet


Admiramos la integridad, el equilibrio,  la inteligencia y bondad en un mundo de listos.  Ser listo no es sinónimo de inteligente,  a los inteligentes no les queda tiempo para ser malvados. Los inteligentes saben que no se trata de abandonar “el juicio”, sino de liberar la vida y la vida debe ser juzgada dentro de la vida misma, dentro de la propia vida y en tiempo presente.

 
 
© Jam Montoya
 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

From me to you ( 2012 - 2013 )


La digitalización ha permitido la liberación de la fotografía de su carácter documental histórico que desde un principio tuvo, la manipulación de imágenes a través de la fotografía digital consigue recuperar el imaginario pictórico y narrativo que, en gran medida, se había perdido de la cultura visual fotográfica con el pretexto, argumentado hasta la saciedad, de unas limitaciones técnicas que siempre han abocado a la inhibición, a frenar  el desarrollo creativo y nuevas vías en la experimentación, justificando de este modo las propias incapacidades personales.

La fotografía digital entronca directamente con la ideología del collage entendido como fotomontaje de vanguardia dadaísta o constructivista  que mostraba el recorte y el carácter fragmentario de su construcción sin pretender engañar a nadie. No obstante, la fotografía digital consigue eliminar las marcas del proceso de construcción del "collage" y dotar al fotomontaje de un carácter unitario.

Desde su invención, la fotografía tenía total credibilidad como testimonio incuestionable de la realidad debido al funcionamiento del dispositivo de captura. Posteriormente, la manera de registrar la realidad se ha considerado un posicionamiento ideológico  que nada tiene que ver con el carácter neutral y objetivo de su funcionamiento.

Las nuevas tecnologías digitales tienen la capacidad de transformar esa realidad e intervenir sobre el registro de la imagen  hasta el punto de manipular y distorsionar las imágenes sin perder el realismo fotográfico con el que fueron captadas por lo que la digitalización, desposee a la fotografía de su carácter objetivo y rompe la conexión física entre el referente y la impresión fotosensible, es decir, entre la experiencia perceptiva de la realidad por observación directa y la imagen mediada a través de una tecnología.
Gerardo F. Kurtz ( Summa Artis. Historia General del Arte )
 
                                                                      
                                                                  © Jam Montoya   


                                                                   © Jam Montoya

From me to you ( 2012 - 2013 )


 
                                                               © Jam Montoya

 
                                                                       © Jam montoya

 
© Jam Montoya

 
© Jam Montoya

 
© Jam Montoya
                                                                        

jueves, 30 de agosto de 2012

Almas muertas

                                                   La poca luz que en mi celda entra   
                                                   © Jam Montoya              



Feliz el escritor que rehúye los tipos vulgares, trivialidad que choca y descorazona y se dedica a pintar almas nobles, honra de la humanidad; que, en el torbellino de imágenes en continuo cambio, elige algunas pocas excepciones; que no traiciona jamás el tono elevado de su lira, y no se inclina hacia los mezquinos mortales y planea lejos de la tierra en una región sublime. Doblemente envidiable su magnífica suerte: se encuentra como en familia entre esa élite, y los ecos de su gloria resuenan en todo el universo.
      Adula, embriaga a los hombres velándoles la realidad disimulando las taras de la humanidad, y solo deja ver lo sublime, lo bello. Todos le aplauden y siguen en cortejo su carro triunfal. Lo proclaman gran poeta; se dice que su genio sobrepuja a los otros ingenios; como el águila, que vuela más alto que las demás aves. Al oír su nombre, los corazones jóvenes palpitan; lágrimas de simpatía brillan en todos los ojos. ¡Nadie iguala su poder!
      ¡Muy diferente destino aguarda al escritor que se atreve a remover la ciénaga horrible de las bajezas en que se hunde nuestra vida; a bucear en el abismo de las naturalezas frías, mezquinas, vulgares --que encontraremos a cada paso en el curso de nuestro terrestre peregrinar, a veces tan penoso, tan amargo--, y saca a relucir a la luz del día, como grabado por buril implacable, lo que nuestros ojos indiferentemente rehúsan ver!
      No sabrá nunca lo que son los aplausos del pueblo, ni las lágrimas agradecidas, ni los impulsos del entusiasmo unánime. No suscitará ninguna pasión heroica en los corazones de dieciséis años; no se sentirá fascinado por sus propios acentos; no evitará, por último, el juicio de sus hipócritas contemporáneos, que dirán que sus queridas creaciones son escritos despreciables y extravagantes; le atribuirán los vicios de sus héroes, y le negarán el corazón, el alma y la llama divina a su talento. Pues los contemporáneos no quieren reconocer que los cristales que sirven para observar los movimientos de los insectos imperceptibles tienen tanto valor como aquellos que permiten contemplar el sol. Niegan que se precise un gran poder de penetración para iluminar un cuadro tomado de la vida abyecta y hacer de ella una obra maestra. Niegan que una potente carcajada valga tanto como una bella emoción lírica. Al negar esto, los detractores se burlarán de los méritos del escritor desconocido. Ninguna voz contestará a la suya. Quedará aislado en medio del camino. Austera es su profesión, amarga su soledad…pero aun así seguirá escribiendo y amándote….

Nikolai Gogol


domingo, 26 de agosto de 2012

Esa luz que nos alumbra

                                              Castell Beach   © Jam Montoya
                                                La habitación roja de las putas llenas
                                                                         © Jam Montoya




La perfección es un camino que sólo conduce a la soledad.
                                                            M. Yourcenar

Nada hay más oscuro que el camino hacia la luz. Todo lo que se oculta tras esta paradoja es tan sólo la certeza de unos pocos que han elegido vivir según sus verdades, aunque a veces, esas verdades, sean una condena impuesta por el castigo de ir contra corriente.
Montoya nunca ha evitado sus caminos: erotismo y perfección; y aunque su elección le haya valido más de una vez la condena del silencio, la decisión está tomada. Nada hay en sus imágenes que no sugiera lo que él es, que evite la evidencia de lo que desde siempre ha proclamado con sus fotografías ajenas a cualquier estética que no sea la de sus propias convicciones, porque la elección de la diferencia conlleva vivir en ese abismo incierto que es la soledad, en esa oscura región de malditos que se han atrevido a correr riesgos. El valor de las cosas está en función de lo que cada uno está dispuesto a arriesgar por ellas, y está claro que, cuando se tratan ciertas cuestiones, la aceptación social y la fidelidad hacia uno mismo son opciones del todo incompatibles.

Existen elecciones personales que otorgan a una obra la validez de lo auténtico. Normalmente se trata de elecciones dolorosas procedentes de una convicción tal que es imposible sustraerse a ellas como no sea traicionando una parte fundamental de lo que somos. Hay que tener mucho valor y una gran certeza interior para proseguir en medio de este absurdo circo, para evitar el suicidio creativo, el abandono en pos de la nada, del silencio ingrato que pretende acallar lo evidente. El artista de la convicción lo es siempre a pesar suyo. Porque no hay otra luz que la luz que nos alumbra desde dentro, desde lo que somos y no podemos ni queremos evitar, aunque recorrer su camino sea siempre la opción más solitaria y dolorosa.

Eulalia Martinez Zamora.



La carne atormentada

                                              Metamorfosis después de una mamada
                                                           © Jam Montoya
                                              Autorretrato follando con una gorda
                                                              © Jam Montoya 



Como consecuencia de la necesidad de transmitir los sentimientos el artista revuelve a los espectadores, porque quiere ser claro, no pretende andarse con circunloquios más o menos manidos, y muestra sin ambages la crudeza de la vida, la realidad de lo oculto, la irreverencia que se transforma en ansia de libertad, en la necesidad de decir que ¡ya basta! a la obediencia del miedo, y que en medio de lo que a todos aterra hay un punto de hermosura que es necesario compartir. El sufrimiento de los demás sólo se comprende cuando uno sufre con ellos, y muchas veces a pesar de ellos, porque el sufrimiento lleva implícita la soledad, la necesaria intimidad de la pena,  que el que acompaña rompe. De ahí que la obra de Montoya nos rompa los esquemas, invada lo más lejano de cada uno y ponga imágenes a esos sentimientos que hemos creído adormecidos, que son sólo de otros y que ninguno de los espectadores directos han creído tener entre los entresijos del corazón y de la mente pero que, de repente, ante la contemplación de las imágenes, se desatan y rebelan sin permiso consciente. Duele el estómago, los ojos se cierran, el paso se acelera y queremos escapar de nosotros mismos, no de la obra que contemplamos. La demonización del transmisor viene después porque a nadie le gusta reconocerse en la crudeza de la vida mostrada.        Susan Sontag escribe: “Al parecer, la apetencia por las imágenes que muestran cuerpos dolientes, es tan viva como el deseo por las que muestran cuerpos desnudos (…) En cada caso, lo espeluznante nos induce a ser meros espectadores, o cobardes, o incapaces de ver”

         Es más fácil catapultar al autor al enfermizo limbo de los seres extraños, de los marginales que no forman parte de nada correcto, porque ha sido capaz de reflejar lo que se ve de puertas hacia dentro, al que nos llama cobardes, incapaces o meros espectadores.

         A pesar de la huida, el resultado va a ser el mismo: el sufrimiento ajeno se transforma en vivencia propia, y de ahí nadie puede escapar si no es haciendo frente a la realidad no reconocida hasta el momento de la contemplación.

 Matilde Muro

La luz de los sentidos

                                                        Pressing Space © Jam Montoya



En el simple rellano de una escalera, el artista se desenvuelve como pez en el agua. Quiere decir cosas a gritos que el silencio envuelve.
         No puede quedar la obra como algo que enriquece el espacio exterior. No se permite ser fotógrafo a secas. Hay algo más detrás del sufrimiento que provoca la creación: compartir el vértigo de la fatiga en el espectador, hacerle víctima de los daños que el nacimiento de la obra ocasionan, pensar que es cómplice del pensamiento y mostrar a la luz del día el resultado del pensamiento.
 La necesidad de comunicar, la fuerza que sale sin saber cómo, pero que se manifiesta con toda la crudeza del recién nacido: el que llora y el que hace llorar; el que siente y hace sentir; el que provoca el vómito de la vida que termina o se ilusiona ante la suerte de haber pasado la barrera de la muerte aunque el tránsito haya dejado huellas en el camino imposibles de borrar.

Matilde Muro